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Este TEC, territorio ancestral de los pueblos Yanomami y Ye’Kwana, se encuentra en la frontera entre Venezuela y Brasil, dentro del escudo guyanés. Esta región presenta grandes variaciones de altitud y, por lo tanto, una rica diversidad de paisajes, ecosistemas y especies. Además, cuenta con uno de los eventos hidrográficos únicos en el mundo, que es la conexión entre las cuencas de los ríos Amazonas y Orinoco: el brazo Casiquiare. Alberga las cabeceras del río Orinoco y varios de sus tributarios principales, además de las cabeceras del río Branco, principal afluente del río Negro. Por ello, este territorio funciona como un corredor biológico, conectando diferentes ecosistemas y permitiendo el flujo de especies animales y vegetales. La presencia de bosque natural en el TEC es de alrededor de 99% y más del 60% del territorio está cubierto por alguna figura de protección –40% del lado brasileño y más del 70% del lado venezolano– ya sean áreas protegidas, reservas de la biósfera o territorios indígenas, y en su mayoría colinda con otras áreas protegidas, tanto del lado brasileño como venezolano. Sin embargo, actualmente se encuentra bajo amenaza desde una perspectiva ecológica y social debido a la minería de oro y las consecuencias de ésta, como son la tala ilegal, degradación de fuentes de agua y contaminación por mercurio en los ríos, lo cual es particularmente grave dado que al ser una zona de cabeceras, el sistema hídrico en su totalidad se encuentra afectado, y por lo tanto, el conjunto de sus habitantes.
Este TEC se caracteriza por la unidad étnica de los pueblos Yanomami y Ye’Kwana, los conflictos socioambientales ligados a la minería ilegal, así como por la diversidad dada por los contextos nacionales venezolano y brasileño. Se puede decir que, si bien los actores sociales comparten el territorio a nivel cultural y ambiental, cuentan con condiciones políticas y sociales distintas de ambos lados de la frontera. Los actores con mayor presencia en este territorio, además de las comunidades indígenas, son las organizaciones de la sociedad civil, entidades gubernamentales y grupos irregulares. Sin embargo, son las organizaciones de la sociedad civil y las organizaciones de las comunidades indígenas quienes han impulsado la articulación entre las comunidades en ambos lados de las fronteras nacionales, a través de foros binacionales. A nivel gubernamental, si bien no hay mecanismos transfronterizos consolidados, se han implementado acuerdos en temas específicos, como la salud y monitoreo de la minería. Esto es sumamente relevante dado que entre las consecuencias de la minería están las afectaciones a la salud, con datos que indican que alrededor del 90% de la población local tiene niveles de mercurio por encima de los límites sugeridos por la OMS. En lo que se refiere a las diferencias, cabe recalcar que del lado brasileño los PGTA (planes de gestión ambiental y territorial) son parte de la política pública, mientras que en Venezuela sus equivalentes son impulsados las organizaciones de base y las organizaciones de la sociedad civil, siendo que el derecho de los Pueblos Indígenas a la gobernanza sobre sus territorios está ampliamente reconocido y desarrollado en la legislación venezolana.
En este TEC la dimensión cultural de la conectividad fue definitiva para la identificación del paisaje. El complejo cultural Yanomami / Ye’Kwana incluye a los Yanomam (Yanomamɨ, Ninam/Shirian, Sanöma, Ỹaroamë y Yanoma) y Ye’kwana. Estos grupos se caracterizan por una interacción activa en ambos lados de las fronteras nacionales. Entre sus principales características está que se trata de grupos étnicos con un número importante de comunidades en contacto inicial por lo que las interacciones con otros grupos y modos de vida son particularmente delicados. Los grupos irregulares representa una amenaza importante en este sentido.
Las prioridades de estas comunidades se encuentran plasmadas en una serie de instrumentos: del lado brasileño, las comunidades cuentan con sus PGTA, mientras que del lado venezolano están en proceso de elaboración. Entre sus prioridades sobresalen la demarcación de sus territorios en Venezuela, el desalojo de los invasores en los dos países, la recuperación del sistema de salud, proyectos de generación de ingresos, educación intercultural e intergeneracional, el fortalecimiento de la gobernanza y de las estrategias de monitoreo territorial.
La minería ilegal encabeza el listado de amenazas en este TEC y, tomando en cuenta que afecta a poblaciones en contacto inicial y en aislamiento, esta amenaza tiene un impacto más complejo. Adicionalmente, es un paisaje que cuenta con múltiples cabeceras de ríos, por lo que las afectaciones son aún más serias, ya que esta actividad se acompaña de deforestación, cambios demográficos, violencia, grupos ilegales, enfermedades e incendios. Esto ha resultado en la ya mencionada crisis que amenaza la vida de estos Pueblos y que urge visibilizar a nivel global. A este escenario se suman las proyecciones de infraestructura, que de ser realizadas tendrían consecuencias negativas en todo el TEC y la región. Finalmente, hay fuerzas económicas contrarias al reconocimiento de los derechos territoriales indígenas porque los consideran un impedimento para el aprovechamiento de los recursos que se encuentran en ellos.