
Selecciona otro territorio para conocerlo
La región Circum-Roraima se distingue por una notable diversidad de paisajes y ecosistemas. Incluye densas selvas tropicales, extensas sabanas y ecosistemas montanos y de meseta. Los alrededores del Monte Roraima abarcan tanto selva tropical como sabana, con parches de bosque denso en las mesetas y bosques montanos con dosel cerrado en las laderas. La transición de bosques húmedos de tierras bajas a sabanas abiertas es una característica prominente, con lagunas permanentes y estacionales y bosques de galería dominados por palmas de Mauritia. Dentro de los bosques de tierras bajas existen grandes áreas de campinarana (caatinga), que forman un mosaico de tipos de vegetación desde sabanas herbáceas hasta bosques de dosel cerrado en suelos arenosos y oligotróficos. La geología antigua de los tepuyes del Escudo Guayanés, con más de 2 mil millones de años de antigüedad, ha propiciado el desarrollo de una ecología única. Esta antigüedad y el aislamiento de las cumbres de las mesetas han conducido a un alto grado de endemismo.
La región Circum-Roraima es una fuente hidrológica de importancia continental, sirviendo como cabecera para numerosos ríos que alimentan sistemas fluviales como el Amazonas y el Orinoco. Específicamente, es la región de origen de los ríos Branco y Rupununi, y abarca las cuencas superiores de ríos como el Ireng, Cotinga, Mazaruni, Cuyuni, Potaro y Siparuni. La importancia de estas cabeceras de ríos es fundamental tanto para los ecosistemas aguas abajo como para las poblaciones humanas que dependen de ellos. Cualquier cambio en la calidad o el régimen hídrico de estas fuentes puede tener efectos en cascada a lo largo de vastas extensiones de la cuenca amazónica y del Orinoco, afectando la biodiversidad, la agricultura y los medios de vida de millones de personas. La interconexión hidrológica de la región la convierte en un punto crítico para la salud ambiental de Sudamérica.
A pesar de que este TEC se encuentra protegido tanto por parques nacionales como extensos territorios indígenas, las presiones ligadas a la minería ilegal de oro, proyectos de infraestructura y actividades agropecuarias encabezan la lista de amenazas que contaminan y fracturan el área, poniendo en peligro las importantes funciones ecosistémicas que cumple, tanto a nivel local como regional.
Este paisaje cuenta con dinámicas propias características en donde convergen los intereses, visiones y modos de vida de diversos actores: sus pobladores originarios los pueblos indígenas, los ganaderos y colonos, actores privados, estatales y de la sociedad civil, con la complejidad de que al situarse en tres países, cada uno cuenta con sus propios marcos normativos, organizaciones e historia. De esta historia compartida, cabe resaltar la dinámica de conflictos fronterizos que marcan su historia desde la colonia hasta el presente con el área de disputa entre Venezuela y Guyana. Además, para entender esta región hay que tomar en cuenta que está fuertemente influenciada por las dinámicas de las fronteras agropecuarias, que han moldeado su historia y su paisaje desde la llegada de los primeros exploradores europeos. En efecto, la tensión entre la población indígena y los ganaderos y colonos es una constante en la región. Esta dinámica histórica de asentamiento y explotación ha transformado grandes extensiones de bosque en pastizales y tierras de cultivo, lo que ha tenido un impacto significativo en los ecosistemas y en las formas de vida tradicionales.
Hoy en día, la presencia de ciudades como Boa Vista en Brasil, el centro urbano más grande de la región, Lethem en Guyana, nodo que conecta a Georgetown, capital costera, con Boa Vista, y Santa Elena de Uairén del lado venezolano, así como la infraestructura, principalmente carreteras, tanto existentes como planificadas, tienen un rol importante en las dinámicas locales y presiones sobre los ecosistemas.
Este TEC se caracteriza por sus ecosistemas únicos, pero sobre todo, por la riqueza cultural de sus pobladores y las interacciones que estos mantienen y a través de las cuales han manejado por siglos sus territorios ancestrales, hoy en día divididos entre las fronteras nacionales de Brasil, Venezuela y Guyana. Entre estos grupos étnicos están los Pemon, que incluye a los Arekuna, Kamarakoto, Taurepang y Macuxi; los Kapon, que incluye dos grupos regionales, los Akawaio y los Patamona; el pueblo Wai Wai y los Wapishana. Hoy en día, estos pueblos no solo se relacionan entre ellos, sino que también con los colonos y otros habitantes tanto rurales como de los centros urbanos, de acuerdo con las dinámicas demográficas e históricas propias de cada país y de la región.
La historia colonial y la demarcación de fronteras nacionales dividieron estas tierras ancestrales, resultando en que los mismos grupos étnicos se encuentran ahora en diferentes países, es decir, que un mismo pueblo puede encontrarse bajo distintos marcos normativos. Este paisaje es una muestra de la conectividad cultural que mantienen sus pueblos a pesar de la división por fronteras nacionales, por ejemplo, a través de lazos matrimoniales, intercambios, manejo territorial, la lucha por el reconocimiento efectivo de derechos y visiones de futuro compartidas. En este contexto diverso, las prioridades de los pueblos indígenas siguen siendo la protección territorial, el manejo territorial autónomo y la demarcación de sus territorios ancestrales.
A pesar de una considerable cobertura de áreas protegidas y territorios indígenas, que han demostrado ser altamente efectivos en la mitigación de la deforestación, la región enfrenta un complejo entramado de presiones y amenazas. La minería ilegal de oro es, sin duda, la presión más devastadora, con impactos de alta magnitud que incluyen deforestación masiva, contaminación por mercurio, y una alarmante proliferación de enfermedades como la malaria, además de graves violaciones de los derechos humanos. La expansión de la frontera agropecuaria y el desarrollo de infraestructuras, como carreteras, contribuyen a la fragmentación del hábitat y aumentan la vulnerabilidad de los ecosistemas.
El cambio climático emerge como una amenaza transversal de magnitud alta, amplificando los efectos de las presiones existentes. El aumento de temperaturas, los fenómenos meteorológicos extremos y las alteraciones en los patrones de precipitación amenazan con remodelar la distribución de las especies y reducir la resiliencia de los ecosistemas, con proyecciones de contracción de rangos y desaparición de especies. La sinergia entre estas presiones y el cambio climático crea ciclos de retroalimentación negativos que intensifican la degradación ambiental y socioeconómica.