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El TEC Nanay está ubicado en la Amazonía peruana, colindando al noroeste con la frontera ecuatoriana. Este mosaico se caracteriza por su importancia hídrica, cubriendo la cabecera de la cuenca de los ríos Nanay, Napo, Tigre, Pintuyaco y Chambira. Este TEC cuenta con características ecosistémicas únicas, no solo por ser el hábitat de especies endémicas y bajo categorías de protección alta, sino por las funciones específicas que cumple para garantizar procesos ecológicos y evolutivos de esta rica biodiversidad. La importancia ecológica de este paisaje ha llevado a su reconocimiento como Sitio Clave de la Biodiversidad (KBA). Asimismo, más de la mitad del área se encuentra bajo alguna figura de protección, ya sea reservas nacionales o áreas de conservación regional. A esto se suman los territorios comunales de los pueblos indígenas y comunidades locales, y una propuesta de reserva indígena para la protección de PIACI, bajo el principio de protección reconocido en tratados internacionales. Además de estas áreas, este TEC cuenta con centros urbanos, cuyos habitantes dependen del buen estado del paisaje, para, entre otras cosas, asegurar su acceso al agua, fuentes de alimento y oportunidades económicas. A pesar de que actualmente se encuentra en un muy buen estado de conservación, hay una degradación creciente debido a la minería ilegal y la contaminación de cuerpos de agua que conlleva, así como por deforestación, sobre caza y sobre pesca, principalmente.
La dimensión social de la conectividad en este TEC se manifiesta a través de la diversidad de actores y sus maneras de relacionarse, qué objetivos comunes tienen y qué discrepancias. En primer lugar, se encuentran los pueblos indígenas y comunidades locales, habitantes originarios de este territorio, los cuales cuentan con sus planes de vida, en función de los cuales manejan sus territorios y planifican. Estos interactúan entre ellos y con otros actores presentes en el paisaje: sus propias organizaciones nacionales y regionales, el estado, organizaciones de la sociedad civil, actores privados y grupos irregulares. Las áreas protegidas, reservas nacionales o áreas de conservación regional, cuentan con sus planes maestros así como con comités de gestión, en donde participan comunidades indígenas y sus organizaciones, el estado y organizaciones de la sociedad civil. Si bien estos mecanismos permiten el diálogo entre actores, este no es siempre fructífero dadas las distintas prioridades y visiones. Otra dinámica que tiene influencia sobre la gestión del paisaje es la presencia de centros urbanos y las necesidades de sus habitantes. La presencia de grupos irregulares también juega un papel importante, al tener impactos tanto en situaciones de orden público, como en cambios demográficos y degradación ambiental ligados a su presencia, elementos que se retroalimentan. En términos del relacionamiento entre los actores al interior del TEC y el área circundante, la ya mencionada importancia ecosistémica así como las prioridades de los pueblos indígenas han llevado a buscar la conformación de un corredor de conectividad entre este paisaje y el corredor de Palora-Pastaza, en Ecuador. Asimismo, existen acuerdos entre ambos países para fomentar la cooperación y gestión del área, reforzados por el contexto de cambio climático y el rol que ambos tienen en la gobernanza climática en tanto países megadiversos.
Los pueblos ancestrales de este paisaje son los Ikiitu, los Kichwas del Tigre y los Kukama del Marañón. Las prioridades de estos pueblos, guiadas por sus cosmovisiones y las aspiraciones al desarrollo común en su territorio, son el acceso a mejores condiciones de servicios básicos de calidad y el desarrollo de iniciativas económicas comunales para el manejo de sus recursos. Asimismo, cabe resaltar que algunos de estos pueblos cuentan con menos de 600 personas, por lo que la transmisión de conocimientos, y de la lengua en particular, son de suma importancia. Asimismo, se ha reconocido la presencia de PIACI, por lo que la federación nacional AIDESEP y el Ministerio de Cultura están impulsando la creación de una Reserva Indígena para garantizar su protección.
Las presiones y amenazas que enfrenta este TEC son múltiples, con la minería ilegal encabezando el listado. Esto tanto por la contaminación de mercurio de fuentes hídricas, y por lo tanto de la cadena alimenticia, así como por el aumento de violencia ligado a la presencia de estos grupos irregulares. También hay tala ilegal, particularmente grave cuando ocurre en las zonas de amortiguamiento de las áreas protegidas y territorios comunales. El debilitamiento de las organizaciones indígenas, la pobreza multidimensional, el aumento de la violencia y las amenazas a defensores y defensoras de derechos humanos y ambientales, son factores ligados a las presiones mencionadas, y que en sí mismos aportan al círculo de destrucción ambiental-reducción de bienestar y pérdida de derechos. A estos factores se añaden las amenazas por obras de infraestructura, que vendrían a reforzar estas dinámicas, al generar presiones en la población local, afectaciones en la cultura y sus medios de vida, fragmentación de los ecosistemas y pérdidas de hábitat, contribuyendo a la pérdida de conectividad ecosistémica, social y cultural.